Las competencias diarias, hs. a hs.
Minuto a minuto, pueden generarnos una imagen no clara de nosotros mismos.
No podemos echarle solo la culpa a ese
papá o a esa mamá que se desviven porque su hijo sea mejor en matemática,
castellano, con la pelota o cantando…
Los criticamos, claro. Sentimos que ese papá que alienta y hasta insulta a árbitros desde afuera de la cancha y le ofrece como un regalo imborrable a su propio hijo palabras agraviantes ante un error está fuera de control, que no sabe lo que hace.
Decimos y sentimos que nuestro hijo debe ser libre y respetar su propio tiempo, pero nos encantaría que reciba el premio por mejor desempeño.
Resaltar, marcar la diferencia ante el otro. Podríamos pensar que la mirada ante el otro nos define. Y esto es así en los primeros años de vida. La mirada, la atención, las palabras que reciben los niños colaboran en gran medida en la formación de su personalidad.
Más tarde, cuando encuentran ciertas certezas acerca de estar solos y quiénes son comienzan a convivir con el mundo, con el entorno.
Este siempre nos va a hacer preguntas sobre quién soy (que durará en el mejor de los casos toda la vida).
Muchas veces esa definición de ser persona se busca en relación al otro. La superación hacia el otro tiene la fugaz sensación que me define. Entonces sé que soy bueno en algo o malo en relación a cuántos superé.
Disculpen pero creo que esto es una forma de vida un tanto arcaica. ¿Por qué?
Porque nunca voy a encontrarme de esa forma. Alimento en gran medida vivir la vida del otro. No la propia. Buscar la competencia sólo para ganar. ¿Y el recorrido? ¿Y qué me pasó mientras tanto?
Tanto hombres como mujeres nos sumergimos en la competencia de…tantas cosas…infinidad…será que la necesitamos, pero…sólo un poco. Sólo para mirarnos en otro espejo y que nos acompañe en la pregunta de quién soy en qué circunstancias…No es menor esta aclaración…porque no reaccionaría igual una persona según los momentos de la vida que le toque vivir.
¡¡¡Competir hasta quién sale primero en el semáforo!!! Muchos hombres no permiten que una mujer maneje adelante de ellos y hacen lo imposible por pasarla, incluso encerrarla! Ni hablar si tiene un buen auto!
¿Por qué hago referencia a esto? Porque solemos preguntar quién tuvo mejor nota en las pruebas, sin darnos cuenta queremos saber cuánto tarda menganito en hacer la tarea y cuántos errores tuvo fulanito en aquel práctico.
En la vida es importante saber competir, me dirán. En cada instante hay competencia y el mundo es cada vez más complejo.
Por supuesto, les diré. Es así. También les contaré que está repleto de personas que no tienen idea de lo que quieren de su propia vida. Que les cuesta muchísimo hablar de sí mismos. Que al momento de elegir carrera, buscar trabajo o formalizar una relación no lo logran.
Hay no menos seres sobre la tierra que no están conformes con su elección.
Una pequeña reflexión que no tiene ánimo de conclusión podría ser que tomar un propio espejo y dejar descansar las metas competitivas podría resultar un buen ejercicio para el proceso de aprendizaje, relación con el entorno pero por sobre todo para el bienestar en todo el recorrido de nuestra existencia humana.
Los criticamos, claro. Sentimos que ese papá que alienta y hasta insulta a árbitros desde afuera de la cancha y le ofrece como un regalo imborrable a su propio hijo palabras agraviantes ante un error está fuera de control, que no sabe lo que hace.
Decimos y sentimos que nuestro hijo debe ser libre y respetar su propio tiempo, pero nos encantaría que reciba el premio por mejor desempeño.
Resaltar, marcar la diferencia ante el otro. Podríamos pensar que la mirada ante el otro nos define. Y esto es así en los primeros años de vida. La mirada, la atención, las palabras que reciben los niños colaboran en gran medida en la formación de su personalidad.
Más tarde, cuando encuentran ciertas certezas acerca de estar solos y quiénes son comienzan a convivir con el mundo, con el entorno.
Este siempre nos va a hacer preguntas sobre quién soy (que durará en el mejor de los casos toda la vida).
Muchas veces esa definición de ser persona se busca en relación al otro. La superación hacia el otro tiene la fugaz sensación que me define. Entonces sé que soy bueno en algo o malo en relación a cuántos superé.
Disculpen pero creo que esto es una forma de vida un tanto arcaica. ¿Por qué?
Porque nunca voy a encontrarme de esa forma. Alimento en gran medida vivir la vida del otro. No la propia. Buscar la competencia sólo para ganar. ¿Y el recorrido? ¿Y qué me pasó mientras tanto?
Tanto hombres como mujeres nos sumergimos en la competencia de…tantas cosas…infinidad…será que la necesitamos, pero…sólo un poco. Sólo para mirarnos en otro espejo y que nos acompañe en la pregunta de quién soy en qué circunstancias…No es menor esta aclaración…porque no reaccionaría igual una persona según los momentos de la vida que le toque vivir.
¡¡¡Competir hasta quién sale primero en el semáforo!!! Muchos hombres no permiten que una mujer maneje adelante de ellos y hacen lo imposible por pasarla, incluso encerrarla! Ni hablar si tiene un buen auto!
¿Por qué hago referencia a esto? Porque solemos preguntar quién tuvo mejor nota en las pruebas, sin darnos cuenta queremos saber cuánto tarda menganito en hacer la tarea y cuántos errores tuvo fulanito en aquel práctico.
En la vida es importante saber competir, me dirán. En cada instante hay competencia y el mundo es cada vez más complejo.
Por supuesto, les diré. Es así. También les contaré que está repleto de personas que no tienen idea de lo que quieren de su propia vida. Que les cuesta muchísimo hablar de sí mismos. Que al momento de elegir carrera, buscar trabajo o formalizar una relación no lo logran.
Hay no menos seres sobre la tierra que no están conformes con su elección.
Una pequeña reflexión que no tiene ánimo de conclusión podría ser que tomar un propio espejo y dejar descansar las metas competitivas podría resultar un buen ejercicio para el proceso de aprendizaje, relación con el entorno pero por sobre todo para el bienestar en todo el recorrido de nuestra existencia humana.
Laura Collavini
Psicopedagoga
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