No quiero que comiencen las clases



No quiero que comiencen las clases

Comenzar las clases parece parte del calendario o la cuenta regresiva, según quién lo diga
Comenzar el año no es en general el día ansiado por la mayoría de los chicos.
No es necesariamente que la pasen mal en la escuela. Por supuesto comienzan a cortarse las hs. de placer cotidiano, la libertad de manejar el hs. y los encuentros con amigos.
Pero llega el tiempo en los que hay que prepararse. Revisar qué sirve y qué no del año anterior, hacer una lista de los materiales a comprar y de esta forma comenzamos a mentalizarnos que se inicia un nuevo año escolar.
Qué se hace ya lo sabemos, cómo se hace es la reflexión que intentaremos llevar a cabo en estas líneas.
Suelen desprenderse fácilmente de los discursos de los padres como gotitas de rocío en pleno mes de febrero, cuando las mallas están mojadas y las mejillas coloradas las palabras que a mi parecer hacen un contra hechizo a las fantasías de los niños y adolescentes: “No quiero que este año pase lo mismo que el año pasado” “¡No quiero que me llamen para decirme que charlás en clase y que no prestás atención!” Entendiste, ¿no? De ser así andá olvidándote de…y el relato de las ausencias de salidas, visitas, castigos se ponen a la orden del día.
Digo que es un contra hechizo porque en todos los seres humanos solemos naturalmente proyectarnos. Nadie con la razón saludable proyecta en su vida que le vaya mal. Se levanta un día y dice “¡Cómo me gustaría repetir el año! ¡Cómo me gustaría que me vaya mal y tener todo menos de 4!” “¡Qué lindo sería!”
Muchos de uds. Al leerlo dirán: ¡pero mi hijo parece que lo hiciera o lo quisiera porque no hace nada!
Y eso es otro punto, y ahí es dónde ingresa el contra hechizo.
Los chicos no eligen en forma consciente y proyectada que les vaya mal y eso no quiere decir que no tengan responsabilidad ante el hecho.
Pongamos como ejemplo un tropezón común seguido de caída en la calle. Luego de uno haberse levantado con cierta vergüenza y esperando no haber sufrido daños mayores puede comenzar a observar por qué se cayó. Se le puede dar la culpa a la baldosa floja, al otro que pasó corriendo y trastabillamos pero la responsabilidad será nuestra porque en algún punto no estábamos concentrados y atentos.
Esto es parecido. Puede haber múltiples factores que den como consecuencia el “fracaso escolar” pero la responsabilidad es del alumno.
Ahora bien: qué hacemos con esto y qué hay de esas palabras que emitimos los padres y que funcionan al revés de lo que queremos.
Es como que nos digan al caminar: no te vayas a caer, no vayas a venir con el pantalón sucio ni que me cuenten que te caíste.
Tal vez sería más útil que nos digan: ¿qué te parece, que te pasó cuando te caíste? ¿Por qué? ¿Qué podrías hacer la próxima vez para que no te lastimes?
Tal vez podemos ayudar y observar cómo pisa. Si los zapatos son los adecuados o si hay factores que lo incomodan en el camino.
Los papás suelen decir también: ¡…qué le va a pasar….nada…si tiene una capacidad impresionante! ¡Es vago no más!
Decimos entonces, si Papá, es posible que su hijo sea inteligente y vago, pero no se arregla con castigos solamente. O por lo menos no cuando algo de los trastornos del aprendizaje se ha instalado como modo para acercarse al aprendizaje.
Los padres solemos pensar que sabemos todo acerca de nuestros hijos y que sabemos perfectamente qué les sucede. Todo porque sí, porque el hecho de ser padres parece que nos confirió un poder sobrenatural que nos deja ver continuamente lo que ven, dicen, oyen o escuchan. Y creo que eso no es tan así. Porque muchas veces terminamos que ellos piensen, digan, oigan y hagan lo que nos. deseamos y no lo que ellos anhelan.
Sería bueno que podamos ver aquello que en forma personal, única e irrepetible les sucede.
Uno es esclavo de sus palabras y se hace extensivo a nuestros hijos.

Comentarios