Una escuela útil
Imaginemos una escuela que sirva, que sea útil. Una escuela
donde al salir sienta que estoy con poco más los pies en la tierra y que siento
que puedo dar un paso más adelante.
¿Es la que tuvimos hasta hace unos meses apenas?
El lugar por excelencia de los niños y adolescentes debería
ser un lugar donde se sientan ellos y puedan crecer desde lo personal y grupal,
abriendo posibilidad de debate, pensamiento crítico y fomentando los diferentes
pensamientos.
El colegio que tenemos hasta el momento es estático y prejuicioso.
Basado en conceptos caducos.
Necesitamos colegios donde los niños puedan ser
respetados en su cultura, su género, sus concepciones religiosas y políticas que,
por supuesto las tienen, solo que en general no se estimula el despliegue de
argumentos.
El colegio no deben ser compartimentos estancos,
aburridos y abstractos.
Voy a compartir mis parámetros:
¿El colegio permite encontrarme con mi esencia? ¿Me
estimula a conocer mis enojos y manejarlos, me enseña a respirar, a jugar, a
atravesar momentos difíciles en serenidad?
¿Me enseña cómo funcionan los bancos y abrir una cuenta? ¿Me
enseña a cómo ganar dinero para vivir con calidad?
¿El colegio enseña cómo vivir en forma saludable? ¿Qué
suceden con los diferentes alimentos en mi cuerpo, recetas, cómo sembrarlos y
cosechar? ¿O sólo lo hace en forma fragmentada?
¿El colegio profundiza acerca de las relaciones, los
vínculos saludables y tóxicos o sólo se ocupa de los emergentes?
¿Enseña el colegio a saber qué quiero hacer al salir? ¿Cómo
saber qué quiero seguir estudiando, qué quisiera hacer los próximos años y cómo
lograrlo?
¿Me enseña a profundizar herramientas para la comunicación
en el día de hoy? ¿Me prepara para los próximos años?
Entonces… ¿De qué me sirve?
Poco, ¿Verdad?
Los colegios están poco preparados para la actualidad en
contenidos y para las relaciones. No pueden resolver problemas de integración y
de convivencia. ¿Por qué? Porque están ocupados en llenar formularios y correr
detrás de los contenidos vacíos.
No tienen espacios adecuados para fomentar la destreza
motriz, la actividad lúdica. No existen espacios de expresión pensada.
Sujetos a acuerdos de hace dos siglos.
Que esta pandemia sirva para eliminar la escuela que tuvimos
hasta ahora.
Que los padres puedan estar implicados en el desarrollo
de sus hijos sin que eso implique recordar la raíz cuadrada.
La implicancia de los padres implica saber por dónde
andas, qué te pasa, qué sentís, cuáles son tus miedos, tus deseos hoy, tu conflicto
para resolver.
Propongo una escuela donde empecemos a estudiar la historia
de nuestros padres y abuelos en profundidad para saber de dónde venimos. Mirar las
ecografías nuestras y recorrer nuestro desarrollo.
Usemos los dispositivos para recorrer el mundo, el
barrio, las calles, pero también que se puedan transitar e implicarnos en él.
Pensemos en lo importante, ahora que la realidad nos
paró.
Laura Collavini.
Lic. Psicopedagogía.

Comentarios
Publicar un comentario