Valores y quejas


Valores y quejas
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¿Soy yo? Jamás esa implicancia ¡De ninguna manera…es esta sociedad que me tocó en suerte!
¿Cómo marcar valores en un mundo que persigue los éxitos?
Valores y exitismo. Y al escribir esta última palabra la computadora me lo marca como una palabra no reconocida. ¡¡¡Qué bueno, pienso!!! Que algo tan lógico no lo reconozca…tal vez será que podamos comenzar a reflexionar por el camino correcto…
Si en el transitar de la vida existen bifurcaciones, creo que en estos tiempos estamos frente a ellas…
¿Por qué digo esto? Y empecemos a diferenciar las palabras. Hablo de valores cuando me refiero a aquellas virtudes que considero que nos enriquecen en el transcurrir diario. Los que me engrandecen como persona y por ende a quienes están a mi alrededor, a los que amo, a los que quiero, los que conozco a quienes me cruzo en un instante. Y como las relaciones humanas son un dominó (Y en esto de jugar con las palabras puedo jugar con ellas y decir que dominó no es lo mismo que domino ni un dominio) todos nos vemos afectados para bien o no tanto, de aquello que hace el próximo, que está cerca de la palabra prójimo.
Y en estos tiempos es habitual oír decir…”Qué me importa que no le venga bien lo que hago…Yo quiero hacerlo y punto”. ¿Cuánto ombligo suelto, no?
Nos quejamos, protestamos contra el gobierno, los ecologistas y la ecología, las religiones y los religiosos, la educación y los educadores, contra los hospitales y los médicos. Protestamos contra el tránsito y los semáforos…y por supuesto nos quejamos de la situación de la juventud, la adolescencia y la niñez. Por sus ausencias de criterios, valores, respeto y formación. Ausencia de ambición o demasiado de ella.
Somos unos grandes "quejadores"(y qué palabra me acabo de inventar…). ¿A qué te dedicas? Soy “Quejador”.
Y ahí estamos muchas veces, en ese lugar de cierto poder ante el reclamo que consideramos justo y al cual estamos insertos como víctimas…La queja.
Esa instancia que permite reunirnos con amigos y descubrimos que todos nos quejamos por algo. En el colectivo, cuando el otro pasajero que nos toca en suerte al lado, después de contar si hace frío o calor…Nos quejamos…
En la sala de espera…nos quejamos…en la fila del banco…nos quejamos….y sumamos lugares, personas, la queja nos une, nos apasiona…
Es posible que sea nuestro segundo deporte favorito.
Y ahí están los niños…viendo como los grandes quejadores adultos y referentes prenden la TV. y dicen que no hay nada para ver mientras critican al que está ahí, llenándose los bolsillos de la plata de los consumistas "quejadores" a los que les resulta difícil apagar el aparato cuadrado y sumirse simplemente en una conversación de “no queja”.
Queja y enajenación me tienta en escribirlas juntas porque tienen “J” pero no…es que también es cierto que queja tiene al lado la “e” y la “a” pero no porque en orden inverso…
No…es que estaba tentada en hacer una relación entre la queja y la ausencia de uno mismo y el temor a hacer y no sólo decir algo…porque se me ocurre que si hago algo diferente puedo modificar las cosas en el lugar en que estoy, tal vez no haga falta hacer grandes cambios…Se me ocurrió por un momento que si utilizamos la energía que se nos va en quejarnos en hacer algo diferente…nos logremos sentir mejor…
Puede ser apagar la TV., cambiar de médico, probar otro camino u hs. para llegar a casa, redactar una carta para ser presentada formalmente en el sitio de recibir reclamo…
Pedir una cita con la docente y/o directora en vez de criticar afuera…
Pero no…no sería posible…porque sino…¿¿¿De qué hablaría con la señora Del colectivo
? ¿¿¿De mí??
Y en este día de ocurrencias y palabras escritas, inventadas y asociadas pienso si no tendrá relación la ausencia de valores con la queja instalada…pero no…se me ocurre que otra vez me equivoco…si yo como padre hago lo mejor que puedo…
Perdón…no debo tener un día muy brillante…Hago lo que puedo…

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